La repercusión de la batalla ha sido tal que ha trascendido a lo largo del tiempo. En 1934, centenario del descubrimiento de la Chanson de Roland en 1834, en el Alto de Ibañeta se levantó un monumento promovido por la Diputación Foral y Provincial de Navarra. En su momento recibió el nombre de Monumento a la Paz de los Pirineos, pero fue llamado de diversas formas como Monumento a Roldán por el protagonismo que este personaje tenía en él.
El proyecto lo ejecutaron los artistas Victoriano Juastisti Sagartzazu, el escultor José María Íñigo y el campanero Vidal Erice. Estaba formado por un gran arco de piedra, una escultura de hierro del águila imperial de Carlomagno, y dos estelas discoideas (una de ellas expuesta en esta sala). Bajo el arco había un altar con una lauda de bronce con la imagen de Roldán y colgando del centro del arco una campana de bronce.
El 25 de enero de 1937, algo más de dos años después de su inauguración, una fuerte tormenta derribó el arco del monumento. Fue reconstruido en 1938 pero las mismas razones climáticas derrumbaron el monumento y nunca más se reconstruyó.
Años después, la Diputación Foral de Navarra impulsó el acondicionamiento del Alto de Ibañeta. Primero con la restauración de la ermita de San Salvador en 1965, y segundo con la construcción de un nuevo monumento a Roldán en 1967 bajo diseño de Cándido Ayestarán.
En el año 1978 se colocó otro nuevo monumento en los jardines de la Colegiata de Roncesvalles con un peñasco calizo y un friso de bronce con los motivos del capitel del Palacio de los reyes en Lizarra.









